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Tuesday, October 15, 2013

Historia de la Filosofía

Historia de la Filosofía

Por: Manuel Zevallos Vera

Según los estudios e investigaciones de los geólogos, geofísicos, antropólogos, naturalistas y científicos, nuestro planeta Tierra tiene una antigüedad de cinco mil millones de años y el hombre aparece sobre la faz de la tierra hace dos mil quinientos millones de años. Los testimonios, escritos y tradiciones orales de los historiadores señalan que la filosofía, en su verdadero sentido, data de unos tres mil años contando los dos mil vividos en la era cristiana y mil años antes de Cristo, teniendo como su asiento germinal a la genial Grecia y a las culturas orientales fundamentalmente espiritualistas, místicas y dogmáticas, por eso se dice que el oriente asiático ha sido la fuente original de todas las religiones y Grecia la fuente creadora de ciencia, técnica y filosofía.

Objetiva y críticamente nos preguntamos, ¿de los dos mil quinientos millones de años en que aparece el hombre sólo acusamos tres mil años de filosofía?. ¿Qué pensaba y hacia el hombre en los millones y millones de años desde su aparición? ¿Se dedicó a la ociosidad total, a preservar la especie, a producir alimentos para sobrevivir?.

Observando y valorando el proceso histórico de la vida humana y los esfuerzos que le demandó la atención de sus vitales y superiores necesidades, la respuesta es muy lógica y razonable. Cuando el hombre aparece en la tierra como producto divino o natural, tuvo que empezar de cero para poder construir su mundo y principalmente su vivienda, primero se refugió en cavernas como un troglodita, su lucha contra la animalidad que lo acosaba y a veces sucumbía en sus garras, contra la asechanza del clima y los fenómenos naturales; el descubrimiento del fuego, la rueda, el arco, la práctica de la pesca, la caza, el descubrimiento de la agricultura que fue la causa que obligó al hombre a afincarse en la tierra y a consolidar una familia después de su época de trashumante y nómade sobreviene su instinto de paternidad y maternidad con sus formas de autoridad de la familia del matriarcado y patriarcado; socialmente hablando, las etapas del salvajismo, la barbarie y la civilización; del Homo-Fabe pasamos al Homo-Sapiens, del hacer al pensar. 

Las maravillas que le ofrecen la naturaleza y los castigos mortales de sus fenómenos dieron origen, espontáneamente, primero a una concepción mitológica de la naturaleza, explicación imaginativa y fantasiosa de los bienes, favores y castigos que sufría. El mito y la mitología es una respuesta generalizada en todas las culturas humanas. Simultáneamente con la concepción mitológica surge el sentimiento religioso que es una respuesta ineludible del hombre frente a un misterioso mundo gobernado por un Dios supremo. Inicialmente son varios los dioses que se reparten poderes divinos a lo que se le denomina politeísmo, luego, a partir del poderoso Imperio Romano, surge el monoteísmo con el poder de un solo Dios personificado por Cristo y su representante en la Tierra por un Pontífice con residencia en el Vaticano, Roma; pero al igual que la Iglesia Católica existen también otras religiones con sus dioses y patriarcas.

Mucho antes de este complejo proceso histórico el homo-sapiens y el homo-fabe han tenido que inventar sus lenguas e idiomas para poder comunicarse, entenderse e intercambiar bienes y servicios, primero el lenguaje hablado, luego el escrito para perennizar sus ideas, sus sentimientos; los conflictos bélicos de pueblo contra pueblo; las conquistas de territorio; la organización política de sus gobiernos; la transformación milenaria de los bienes naturales a recursos humanos; el desarrollo de los medios de comunicación individual y colectiva a partir de la domesticación del caballo, la carreta, los transportes acuáticos; el dominio de la naturaleza en general para que se cumpla el mandato de los dioses que el hombre sea el rey de la creación.


Semejante proceso de evolución de la humanidad en el que el hombre está preocupado y ocupado justifica que, cuando se contaba con la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de la naturaleza humana, recién empieza a madurar el intelecto y la sabiduría para indagar, dudar, reflexionar sobre el principio y las causas de la realidad; sobre el “arque” de los principios; ante las explicaciones eran dogmáticas basadas en la creencia y la fe, pero a partir de la mentalidad de los griegos el pensamiento busca la razón, el origen, las raíces de los problemas metafísicos del mundo, el hombre y Dios; es decir que recién hace tres mil años empezó la respuesta filosófica en búsqueda de la verdad que aún no se obtiene, pero el derecho a buscarla no terminará; en consecuencia queda plenamente justificado el nacimiento de la filosofía hace sólo 3,000 años.

UNIVERSIDAD, UNIVERSO DE TODOS LOS SABERES

UNIVERSIDAD, UNIVERSO DE TODOS LOS SABERES

Manuel Zevallos Vera

Como heredera de todo el legado cultural, científico y artístico del mundo antiguo de oriente y occidente y por acción dinámica del movimiento de las juventudes europeas y de la intelectualidad occidental, nace la universidad, como la más trascendental institución de la historia que no tiene parangón con ninguna de las instituciones nacidas antes o después de su creación. La universidad europea va a cumplir 1000 años en el 2088, contados a partir de 1088 en que se creó la Universidad de Bolonia, en Italia, bajo los auspicios y gobierno de la Iglesia Católica, con carácter dogmático y académicamente teológico. 

Le siguen en antigüedad las universidades de Paris, Salamanca, bajo el mismo signo y el dominio doctrinario de la autoridad intelectual de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino y de todos los filósofos cristianos. Con el avance de la difusión del pensamiento con el invento de la imprenta, las fuentes del pensamiento greco-latino se difunden por el continente europeo, para luego abrirse el abanico con la fundación de universidades con regímenes liberales. 

La primera de este tipo fue la Universidad de Lóndres, pero la que tuvo gran influencia fue la Universidad de Berlín, en Alemania que, rompiendo la tradición teológica que sostenía que la verdad total estaba dicha y contenida en la Biblia y libros sagrados, sostuvo que la verdad hay que buscarla, descubrirla e investigarla científicamente porque la “verdad no se inventa, se descubre”.

Pasado el Medioevo ingresamos a la Edad Moderna con la revolución industrial, el dominio del capitalismo y la burguesía y su enfrentamiento ideológico y bélico con los regímenes socialistas, hasta la caída del Imperio Soviético en plena época de los avances de la tecnología, el sistema de la globalización y la democratización de toda la estructura política de la sociedad contemporánea, las universidades, tanto en los países desarrollados como en los en proceso de desarrollo, impulsados por este ambiente de cambios totales, tienen que evolucionar y ponerse a tono y ritmo con los cambios tecnológicos, científicos, sociales y metodológicos en sus sistemas de aprendizaje y enseñanza para la formación óptima de sus profesionales, técnicos e investigadores. 

La universidad, como todas las instituciones creadas por el hombre, para atender sus necesidades materiales, individuales, sociales y espirituales, no puede quedarse paralizada, estacionaria y postergada, porque esto significaría un suicidio de su propia esencia y ser existencial.

La universidad es el sumun asociado de todos los sabores pasados, presentes y futuros que, a diferencia de todas las escuelas y escenarios intelectuales y doctrinarios que hemos pasado en el mundo que fueron individualistas, regentados por una línea intelectual del pensamiento de su fundador, dogmáticas y cerradas, es pluralista, abarca todos los saberes, filosofías y doctrinas y no tiene un patrón ideológico que imprima su pensamiento y personalidad. La libertad responsable y el libre pensamiento son sus esencias.

La institución universitaria a partir del dogmatismo de sus inicios medioevales se ha transformado en una entidad libérrima con una filosofía humanista que investiga en el mundo terrenal el descubrimiento de la verdad; ni la filosofía griega la iguala, cuyos pensadores buscaban la verdad fuera del mundo, en el Topus-Uranos en cuyo mundo, según ellos habitaban las almas, los arquetipos, las ideas perfectas. Igual sucede en la cultura oriental cuyo pensamiento es el absoluto, el origen de todo lo existente y, en el caso de las culturas cristianas y de todas las religiones la verdad reposa en el Poder Supremo de Dios; pero a partir de la existencia liberal de la universidad de Berlín, en Alemania, la verdad hay que buscarla, investigarla y descubrirla científicamente en nuestro propio universo, en nuestra realidad, como lo representa Anteo en la mitología griega que, cuando perdía contacto con su madre Tierra, se debilitaba y moría, al contrario del otro personaje mitológico como fue Prometeo que daba rienda suelta al vuelo de su imaginación para volar y robar a los dioses la verdad, por cuya soberbia fue castigado por el Dios Zeus.

La universidad contemporánea ha superado tal dualidad y ha conjuncionado en un solo ser su voluntad a investigar y buscar la verdad en el mundo, en la tierra, sin dejar de volar para sorprender las verdades metafísicas, es decir que su esencia está constituida por las ciencias y la filosofía como universo de todos los saberes.


YO PORTO UN HERMOSO ESQUELETO

YO PORTO UN HERMOSO ESQUELETO

Por: Manuel Zevallos Vera

Efectivamente, yo porto al igual que todos los humanos y los animales vertebrados un hermoso esqueleto que me sobrevivirá, mudo y callado, guardando con reserva y frialdad todos los trajines, andanzas, aventuras y pruebas a las que fue sometido por un cuerpo material orgánico de asombrosa organización y un funcionamiento casi perfecto, si no fuera por la mortalidad a la que está condenado, pero también bajo la sincronización de un cerebro que es la torre de mando del cuerpo y del maravilloso esqueleto que constituye el sostén y la estructura que da belleza al conjunto corpóreo, podemos decir también que es el conjunto de huesos conjugados entre sí y que son la osamenta y armazón del cuerpo humano.

Cuando toda esta maravillosa “maquinaria” se paraliza, deja de funcionar definitivamente, el hombre individual se convierte, por el fenómeno misterioso de la muerte, en un cadáver difunto y finado, cuyos despojos y restos vuelven a la tierra de donde procedieron y se cumple la maldición bíblica “de polvo eres y en polvo te convertirás”. Estos despojos son enterrados, pero lo espiritual se desprende del cuerpo moribundo y lo sobrevive por ser inmortal, según la fe religiosa y las concepciones filosóficas espiritualistas.

No obstante que el esqueleto y la calavera que conforman la armazón de nuestro cuerpo y que contribuyen a la belleza del cuerpo humano revestido de una piel maravillosa que lo cubre en su totalidad y que da la apariencia de esbeltez, de belleza y de armonía casi perfecta, familiar y atractiva de unos a otros, todos portamos pues dentro de cada uno, desde nuestro nacimiento, el esqueleto con su calavera que los cuidamos con esmero, los fortalecemos y perfeccionamos con una alimentación especial y adecuada; sin embargo, cuando otras personas de nuestro prójimo se desprenden de ellos por la muerte, los miramos y observamos impresionados de temor, de miedo y de pánico, especialmente si estamos en un cementerio, por las noches y la oscuridad o en un museo de historia natural. 

A una calavera no queremos ni agarrarla, a veces ni mirarla, nos da pánico a pesar que los tenemos dentro, que nos abrazamos cuerpo con cuerpo, que nos besamos, pero cómo cambia la emoción cuando ambos somos incorpóreos. Si soñamos con un hombre calavérico despertamos asustados y desesperados; igualmente si en nuestras vidas nocturnas o en la soledad sentimos ruidos misteriosos que atribuimos a mensajes o presencia de espíritus desprendidos de nosotros, también sentimos temor y suspenso.

Estas aparentes contradicciones entre un ser vivo o muerto se producen porque el hombre es habitante de dos mundos: Del mundo material en el que deja sus restos mortales, que es el mundo físico y de un mundo metafísico donde se supone que se incorpora el espíritu, o sea el más allá misterioso, desconocido y sin fin.
Cuando se rompe la unidad hombre de cuerpo y alma, son dos entidades que se separan, tienen diferente rumbo, distinto destino y ya resultan desconocidos en lo que aparentemente fuimos una armonía de hermosura y amor.

Es imposible que este distanciamiento entre materia y espíritu, entre cuerpo y alma, entre cadáver, esqueleto y carnosidad puedan vivir o sobrevivir como tales; a pesar de tal misterio las culturas de todos los tiempos han rendido un recogido respeto a sus muertos y donde estén enterrados se les recuerda como entes que nos rodean, nos acompañan, ruegan por nosotros, los ayudan y se hacen presentes a través de nuestros sentimientos y pensamientos. Para los deudos, los seres queridos muertos, siguen formando parte de nuestras vidas y cuando los visitamos en sus tumbas les llevamos las flores que les gustaban y muchas comunidades de costumbres simples y tradicionales les llevan comida, bebida, música que los finados preferían.

Esta es la estancia profundamente humana, donde no caben distingos raciales, económicos, sociales, culturales ni personales, porque todos en la tumba somos iguales.


Mientras somos seres felices con nuestra armazón corpórea y con mayor razón si gozamos de buena salud, nuestra seguridad orgánica se refuerza, pero en cuanto nos convertimos en cadáver, el prójimo viviente, incluyendo a los deudos más cercanos, se sienten habitantes de este hermoso y paradisíaco “acá” conocido o por conocer con todos sus encantos, alegrías, comodidades, dolores, placeres e ideales. El prójimo muerto pasa a un mundo “sórdido”, “oscuro”, “incognoscible” del “más allá”, sin formas definidas y sin capacidad de retorno. En el “acá” quedan los cuerpos y sus esqueletos y en el “más allá”, la fuente imponderable e inagotable de creación de nuevos cuerpos, entes, seres, objetos y energías que seguirán poblando y enriqueciendo al mundo del “acá” por obra de mágicos poderes que para los hombres y pensantes del “acá” serían los dioses o natura y al final quedará desconocido el gran misterio de la vida humana, tanto del “acá” como del “más allá”.

UN TEÓLOGO Y FILÓSOFO GANÓ EL PREMIO NACIONAL DE CULTURA

UN TEÓLOGO Y FILÓSOFO GANÓ EL PREMIO NACIONAL DE CULTURA

Por Manuel Zevallos Vera

Con un gran acierto de justicia axiológica el Ministerio de Cultura a cargo del Dr. Luis Peirano Falconi, después de muchas décadas restableció y convocó a concurso público los premios nacionales de cultura, con la novedad de diversificarlos en tres categorías: Trayectoria, Creatividad y Buenas Prácticas y después de una sostenida deliberación de parte del respectivo jurado, ha declarado ganador en la categoría “Trayectoria” al Teólogo y Filósofo Gustavo Gutiérrez, por tratarse de un sacerdote que, en el campo acuciante de la teología, ha sostenido un punto de vista de un cristianismo puro y fiel al sentimiento humano del mensaje de Cristo. Con Gustavo Gutiérrez hemos alternado y conversado en certámenes y congresos nacionales de Filosofía, hemos leído y comprendido su pensamiento sobre la “Teología de la Liberación” y cuya concepción la comento en mi libro “La Identidad Filosófica de América Latina”. En resumen decimos lo siguiente:

En su consagrada obra traducida a varios idiomas “Teología de la Liberación”, Perspectiva editada en 1,971, los comentarios, polémicas, adhesiones, adversarios y seguidores se han multiplicado en el mundo y Gustavo Gutiérrez, sin abandonar ni traicionar su posición evangélica, ha calado hondo en el alma y la misión redentora del hombre, no sólo espiritual, sino social, por parte de la Iglesia Católica. Para Gutiérrez, “la reflexión teológica sería entonces necesariamente una crítica de la sociedad y la iglesia, en tanto convocados e interpretados por la Palabra de Dios”.

La Teología de la Liberación, basada en la gracia que Dios ha derramado sobre todos los hombres, no concibe cómo puede marginar la sociedad a los que sufren pobreza material y a los que han sido abatidos por la pobreza espiritual y han sido condenados; sostiene con justa razón, que el interlocutor de la Teología de la Liberación es el pobre, el no persona, aquel que no es valorado como ser humano, pero además esta concepción liberadora va más allá, pues considera y rechaza la dependencia, el dominio, el sometimiento de la mayoría de pueblos a la servidumbre, lo que nos revela con razón y se da una toma de conciencia de las masas para buscar su liberación.

La concepción de liberación de Gutiérrez, cuestiona no sólo la realidad de injusticia social en que viven las mayorías, sino que abarca el crítico campo religioso, en tanto considera, con lúcida razón, que si Cristo muere por redimir al hombre del pecado, es para hacernos sentir libres, en virtud de cuya libertad, los hombres deben buscar su liberación, concientes que la relación entre los hombres es un intercambio de libertades que tienen que ser respetadas; y aún va mucho más lejos, porque reconoce la necesidad de que la teología y la acción pastoral, se preocupen de los condenados que han perdido la gracia y se pregunta Gutiérrez: ¿Cómo vivir sin gracia?. Esta es, en apretada síntesis, la concepción teológica de Gustavo Gutiérrez sobre la liberación social y espiritual de los hombres, dentro de una sociedad que hace agua por todas partes, reclamando justicia, verdad y dignidad.

Gustavo Gutiérrez es un filósofo de la religión que propugna el bien y el perfeccionamiento del hombre en su instancia terrenal, no sólo espiritual, sino también material, que satisfaga sus necesidades individuales y sociales. Hay también teólogos, como Agustín de Hipona que aspiran a redimir al hombre del pecado de rechazar la gracia que Dios les ha conferido, para que ganen el derecho de ir a la “Civitas Dei”, pues la “Civita Terrena” es sólo una instancia pasajera y de prueba en la que el hombre debe sacrificarlo todo por mantener su pureza espiritual; en cambio Gutiérrez sostiene que no existe incompatibilidad en no perder la Gracia Divina y ganar el derecho a una vida digna, justa y humana en la tierra.

En esta concepción la filosofía queda totalmente comprometida con la religión, y su sentido liberador se sustenta en la ligazón del hombre con su Dios, por ser una criatura que goza de los privilegios humanos y divinos que su Hacedor le ha concedido.

Así como el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy ha sostenido con mucho vigor su teoría sobre la Filosofía de la Liberación y tú Gustavo sostienes con mucho sacrificio personal la Teología de la Liberación, yo sostengo como un filósofo libre pensador “la Liberación de la Filosofía” que en suma es el campo de elevados sentimientos e ideales humanistas; debemos rechazar la sin razón, la insensatez, la esclavitud material o espiritual, la injusticia, la violencia y el terrorismo.


Gustavo, tus amigos celebramos tu triunfo y personalmente te digo como un contendiente del concurso, en buenas manos está la antorcha de tu brillante y sacrificada trayectoria.

POR EL DESARROLLO INTEGRAL DEL PERÚ

POR EL DESARROLLO INTEGRAL DEL PERÚ

Manuel Zevallos Vera

Con suma responsabilidad patriótica un grupo de peruanos se han impuesto el deber de constituir instituciones impulsoras del desarrollo integral del Perú a iniciativa de los sectores público  y privado y de la sociedad civil, aprovechando el buen momento de solvente economía que vive el Perú, como consecuencia de la apertura al mercado internacional de nuestros productos tradicionales y no tradicionales garantizados por sendos tratados de libre comercio suscritos por el Perú, por la acogida de inversionistas extranjeros que observan las inmensas perspectivas de desarrollo nacional. Entre tales instituciones, el caso que merece un elogioso comentario es el “Foro por la Ciencia, Tecnología e Innovación C.T.I”.

Investigadores, académicos, empresarios y profesionales, concientes que sólo el conocimiento, la educación de calidad, la ciencia, la tecnología y la innovación concretados en un sólido tejido productivo garantiza sostenibilidad al crecimiento económico en el largo plazo.

La presencia de investigadores, educadores, académicos, científicos y profesionales compromete totalmente a la universidad peruana y coinciden plenamente con las leyes orgánicas de la institución universitaria y la esencia propia de su ser, lo que ha dado lugar al interés y expedición de documentos de las emergencias divulgadas por el “Centro de Altos Estudios Universitarios” de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura en los que se da cuenta de la situación crítica de los avances de C.T.I. que señalan que no existe un sistema nacional de innovación bien estructurado, no se tiene un liderazgo efectivo y la coordinación entre las instituciones y la participación de la empresa es escasa y los recursos destinados son insuficientes.

Dentro de la Organización de los Estados Americanos funciona “Virtual Educa” dedicada a impulsar la innovación, la competitividad y el desarrollo, asociada con la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España.

Según el destino que se asigna a la sociedad del siglo XXI, heredera de los extraordinarios y maravillosos avances del siglo XX en materia de tecnología y comunicaciones, según los analistas internacionales, se dice que “de una sociedad de la información pasamos a una sociedad del conocimiento”; pero nosotros decimos ¿nos vamos a quedar, como meta, en el dominio del conocimiento sobre la problemática del mundo, del hombre y la verdad científica?.

El desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación son metas trascendentales que el siglo XXI se ha impuesto. Estos objetivos culminarán un desarrollo material y de progreso, pero lo que necesita la humanidad, además de su progreso, es llegar a una sociedad culta en la que junto al progreso se imponga un superior espíritu de perfeccionamiento en sus costumbres, sistemas de vida, relaciones humanas y justicia social lo que nos obliga a diferenciar lo que es progreso y lo que significa la perfección.

Progreso significa “ir hacia adelante, avanzar”, es decir no quedarse estancados en un lugar o en una posición individual o social, en tanto que perfeccionamiento significa “acción y efecto de perfeccionar, acabar enteramente una obra, dándole el mayor grado posible de bondad o excelencia”.

El concepto de progreso nos permite continuar o abandonar una obra, un proyecto o un compromiso con o sin razones; no todos estamos obligados a progresar como lo comprobamos en la experiencia de la vida humana; en tanto que el concepto de perfeccionamiento obliga a poner el máximo de nuestras virtudes, bondades, generosidad, altruismo y justicia en toda obra que asumamos. Yo puedo progresar física, material y económicamente sin poner alma, razón y sentimientos generosos, perfeccionar mi vida y sus obras es poner sacrificio, entrega hacia los demás y compartir emociones, triunfos, penas y alegrías con los míos y con mi prójimo. Por eso se dice que “somos seres imperfectos pero perfectibles”.


Ambos sentimientos se complementan y quien progresa debe tratar de perfeccionar moral y éticamente su progreso.